[TRADUCCIÓN] BTS LOVE YOURSELF 承 ‘Her’: 花樣年華 The Notes

A continuación encontraréis las notas traducidas al español que aparecen en los álbumes de LOVE YOURSELF: HER de BTS.

Están organizadas cronológicamente, ya que muchas se repiten en las diferentes versiones. No obstante, entre paréntesis tenéis la versión o versiones en las que podéis encontrar dichas notas.

Tenéis todas las THE NOTES (Love Yourself: Her, Tear, Answer y Map of the Soul) traducidas cronológicamente en este doc.

TAEHYUNG

29 de diciembre. Año 10  (en versiones L, O y E)

Me quité los zapatos, lancé mi mochila lejos de mí y entré en el salón. Mi padre estaba allí, como era de esperar. Ni siquiera pensé cuánto tiempo había pasado sin verle o de dónde había venido. En un abrir y cerrar de ojos me encontré con los brazos de mi padre. No recuerdo exactamente qué ocurrió después. No recuerdo qué me golpeó primero; si fue el olor a alcohol, sus insultos o la bofetada en la cara. Ni siquiera pude entender qué había ocurrido. Su respiración era entrecortada y su malaliento se mezclaba con el olor a alcohol. Sus ojos estaba inyectados en sangre y su cara estaba cubierta por una barba mal cuidada. Me abofeteó con su enorme mano. Mientras se impacientaba por saber qué estaba mirando, me volvió a abofetear. Después, me elevó en el aire. Aunque sus furiosos ojos rojos infundaban miedo, el terror que ya dominaba mi cuerpo me impidió llorar. Ese no era mi padre. Sí, era él; y a la vez no era él. Mis pies temblaron en el aire. Lo siguiente que recuerdo es mi cabeza golpeando con fuerza la pared y cayendo al suelo. Parecía que mi cabeza iba a explotar. Empecé a ver borroso y después sólo había oscuridad. Lo único que llenó mi cabeza fueron los jadeos de mi padre intentando respirar.


SEOKJIN

2 de marzo. Año 19 (en versiones L, O y V)

Un olor húmedo nubló mi olfato mientras entraba con mi padre en el despacho del director. Hacía 10 días que había vuelto de Estados Unidos y el día anterior me enteré de que repetería curso debido al cambio en el sistema educativo. “Por favor, cuide bien de él”, dijo mi padre mientras descansaba su mano sobre mi hombro, haciendo que me encogiera inconscientemente tras notar su firme tacto. “El colegio es un lugar peligroso. Las normas son imprescindibles”, dijo el director mientras me observaba directamente a los ojos.

Cada vez que el poderoso señor hablaba, sus arrugadas mejillas y las comisuras de su boca temblaban dejando entrever el oscuro color rojizo que se escondía en el interior de sus negruzcos labios. “¿No es cierto, Seokjin?”. Dudé en responder ante esa inesperada pregunta, haciendo que mi padre apretase con más fuerza mi hombro. Me apretaba con tanto ímpetu que noté cómo se contraían los músculos de mi cuello. “Confío en que lo harás bien”, dijo el director mientras sus ojos amenzaban a los míos sin piedad y mi padre aumentaba cada vez más su fuerza sobre mi hombro. Cerré mis puños con fuerza – la presión que ejercía su mano era tan intensa que pensé que los huesos de mi hombro no aguantarían intactos por mucho tiempo. El sudor frío y los temblores incontrolables tomaron el control de todo mi cuerpo. “Tienes que responderme. Seokjin, tienes que convertirte en un buen estudiante”, dijo el director mientras me observaba con cara de pocos amigos. “Vale”, balbuceé con gran dificultad a modo de respuesta.

Mi agonía se esfumó en un segundo. Escuché el intercambio de risas entre mi padre y el director. Era inacapaz de levantar la cabeza y lo único que podía hacer era observar los zapatos marrones de mi padre y los negros del director. Sus zapatos brillaban, a pesar de desconocer de dónde provenía esa luz. Aquel brillo me inundó de miedo.


JIMIN

30 de agosto. Año 19 (en versión L)

Mientras Hoseok hyung hablaba por teléfono yo me dediqué a jugar con el polvo del suelo que cubría con su sombra. Él me sonrió con una expresión que decía, “Park Jimin, has crecido mucho”. La distancia desde casa hasta el colegio era sobre 2 horas caminando. En autobús no llegaba a la media hora, y si caminábamos por la calle general tardábamos únicamente 20 minutos. Aun así, hyung siempre insistía en caminar por rutas que nos obligaban a atravesar callejuelas sinuosas, escalar leves pendientes y cruzar pasos peatonales. El año pasado me cambiaron de colegio tras salir del hospital. El colegio estaba lejos de mi casa y era un lugar donde no conocía a nadie; pero pensé que estaría bien, sobre todo porque estaba acostumbrado a cambiar de colegio y porque tampoco sabía si tendría que volver al hospital. Pensé que no sería un gran problema.

Pero entonces conocí a hyung. Fue poco después de comenzar el nuevo trimestre. Hyung se acercó despreocupadamente a mí y caminamos juntos durante dos horas. Fue mucho más tarde cuando descubrí que su casa estaba en dirección opuesta a la mía. No tuve el valor de preguntarle por qué me acompañó aquel día. Únicamente deseé que, aunque fuera sólo un día más, estuviéramos así durante otras dos horas, donde nuestras sombras fueran fieles compañeras, caminando juntos bajo la luz del sol.

Hyung seguía hablando por teléfono y pisé una vez más su sombra justo antes de salir corriendo. Hyung colgó el teléfono y comenzó a perseguirme. El helado comenzó a derretirse lentamente bajo los calurosos rayos de sol y el sonido de las cigarras sonaban en mis oídos. De repente, el miedo invadió mi cuerpo. ¿Cuántos días como este me quedarían por vivir?


NAMJOON

15 de mayo. Año 20 (en versiones L, O y E)

Mientras atravesaba el almacén del instituto, que alguna vez fue el refugio para aquellos adolescentes sin rumbo fijo, coloqué un par de sillas en el suelo. Coloqué también un polvoriento pupitre que limpié con mis propias manos. La gente siempre se emociona cuando las cosas llegan a su fin. Hoy es mi último día de instituto. Hace dos semanas se decidió que me iría de allí. No sé si podré volver. Puede que nunca vuelva a ver a mis hyungs y dongsaengs.

Doblé un trozo de papel por la mitad, lo dejé en el pupitre y empuñé un lápiz. Me di cuenta de que no sabía qué escribir. El tiempo pasó sin despedirse. Mientras garabateaba palabras vacías en el papel, la punta del lápiz se rompió emitiendo un breve chasquido. A su vez, la punta se rompió en más fragmentos que emborronaron parte del papel; un papel que había decorado vaga e inconscientemente con la frase “Por favor, sobrevive”. Entre el polvo de grafito y los garabatos se leían cuentos dispersos sobre pobreza, padres, dongsaengs y mudanzas.

Arrugué el papel, lo guardé en mi bolsillo y me levanté. Una nube de polvo rosáceo alzó el vuelo mientras empujaba el pupitre lejos de mí. Antes de emprender el camino hacia la puerta, empañé el cristal de la ventana con mi aliento y dejé grabadas tres palabras. Ninguna palabra de despedida sería suficiente y este fugaz mensaje transmitiría mis pensamientos sin decir nada más. “Encontrémonos otra vez”. Más que una promesa fue un simple deseo de mi parte.


JUNGKOOK

25 de junio. Año 20 (en versión O).

Acaricié las teclas del piano y mi mano se llenó de polvo. Las pulsé haciendo fuerza con la punta de mis dedos, no sonaban igual que cuando tocaba hyung. Hace 10 días que hyung no viene al colegio. Se rumorea que le han expulsado. Namjoon y Hoseok hyung prefieren no hablar de ello y yo estoy asustando, pero no puedo decírselo. Hace dos semanas, cuando el profesor abrió la puerta de la clase, solo estábamos hyung y yo. Fue el día en que los padres visitaron la escuela. No quería estar en clase, así que me fui de allí. Hyung no me prestó atención, simplemente siguió tocando el piano mientras yo junté un par de mesas y me dispuse a dormir. Aunque sé que hyung y el piano son dos entidades distintas, siempre los veo como si fueran uno solo y no sé por qué. Sea como fuere, siento ganas de llorar cuando oigo a hyung tocar el piano.

Mis lágrimas estaban a punto de salir, cuando la puerta se abrió con un estruendo y el sonido del piano cesó. Me caí hacia atrás y aterricé sobre mi mejilla, agazapado. De repente la voz cesó y lloré, tragándome mis palabras. Miré hacia arriba y vi a hyung, que empujó el hombro de esa persona y se quedó de pie frente a mí.  Por encima del hombro de hyung pude ver que esa persona se parecía a su profesor.

Toco las teclas del piano intentando emular la melodía que hyung tocaba aquel día. ¿Le han expulsado de verdad? ¿No podrá volver? Si yo no hubiera estado allí, hyung no le hubiera hecho nada al profesor ¿verdad? Si no fuera por mi culpa ¿hyung podría seguir tocando el piano aquí?


YOONGI

25 de junio. Año 20 (en versiones L, V y E)

Después de empujar la puerta abierta y entrar en mi habitación, saqué la mochila que descansaba en el último cajón de mi escritorio. Mientras la vaciaba por completo encontré una tecla de piano. La lancé con ira hacia la papelera y me tumbé en la cama. No era capaz de enfriar mi furioso corazón ni calmar mi entrecortada respiración y, sin darme cuenta, mis dedos estaban manchados de ceniza.

Después del funeral, volví con mi soledad a la casa que el fuego consumió sin piedad. Al entrar en la habitación de mi madre vi el piano completamente calcinado. Me dejé caer a su lado y allí me quedé, mientras la luz de aquella tarde atravesaba las ventanas hasta que la noche comenzó a apagarla lentamente. Los vestigios del sol iluminaron varias teclas del piano. Me pregunté qué sonido emitirían y cuántas veces habrían sentido el tacto de las manos de mi madre. Después de recoger una de esas teclas y guardármela en mi bolsillo, salí de la habitación.

Han pasado casi cuatro años desde aquella visita. El silencio reinaba en la casa. Un terrorífico silencio. Si eran más de las 10 de la noche y mi padre ya estaba durmiendo, no se podía hacer el más mínimo ruido. Esas eran las normas de la casa. Para mí era muy dificil soportar ese sliencio. Tampoco era sencillo acatar todos esos estrictos horarios, normas y formalidades. Pero lo más insoportable para mí, a pesar de todo, era seguir viviendo en esa casa. Mi padre me seguía dando dinero, cenaba con él y escuchaba sus broncas. En vez de rebelarme, huir o meterme en problemas, me quedaba en casa. No tenía en valor suficiente para abandonar a mi padre e irme de casa para experimentar por mí mismo aquella verdadera libertad de la que tanto hablaba.

Me levanté de la cama de un salto y recuperé la tecla de piano que había tirado a la papelera debajo de mi escritorio. Abrí la ventana y el fuerte viento nocturno invadió mi habitación. Sentí cómo el viento abofeteaba mi cara y todo lo que hoy había vivido caía sobre mí como una rebosante cascada. Lancé la tecla del piano con todas mis fuerzas a través del furioso manto de aire. Hacía 10 días que no iba al colegio. Me enteré de que me habían expulsado. Y ahora, aunque no quería irme, me sentía obligado a abandonar esta casa. No importa lo mucho que afiné mis oídos, no fui capaz de escuchar el sonido de la tecla al chocar contra el suelo. No importa las veces que pensé en ello, supe que nunca conocería el sonido de aquella tecla. No importa cuánto tiempo pase, esa tecla nunca volverá a sonar.

Nunca volveré a tocar el piano.


HOSEOK

15 de septiembre. Año 20 (en versión L)

La madre de Jimin apareció en la sala de Urgencias. Después de comprobar el nombre escrito sobre el cabecero de la cama y verificar la posición del suero intravenoso, quitó una hoja que descansaba en el hombro de Jimin. Pensé que debería contarle por qué Jimin estaba en Urgencias – sobre las convulsiones que tuvo en la parada de autobús – así que di un par de pasos hacia delante. Fue entonces cuando la madre de Jimin detectó mi presencia por primera vez y se quedó mirándome mientras me evaluaba durante bastante tiempo. No supe cómo responder a esa mirada, así que dudé. Ella balbuceó un “Gracias” y se giró. La siguiente vez que me miró fue cuando los médicos y enfermeras empezaron a mover la cama y yo les intenté ayudar. Mientras decía “Gracias” de nuevo, la madre de Jimin me rozó el hombro. Más que un roce, fue un contacto muy ligero antes de retirar su mano. Sin embargo me dio la impresión de que una línea invisible se había interpuesto entre ella y yo. Una fuerte y firme línea. Una fría y robusta línea. Una línea que nunca sería capaz de cruzar.

Yo había vivido más de 10 años en un orfanato. Lo suficiente para poder entender esos sutiles gestos, esa mirada y ese ambiente. En un momento de confusión, tropecé y caí al suelo. La madre de Jimin me observó con una mirada vacía. Aunque era una mujer pequeña y muy guapa, su silueta era enorme y fría. Cuando levanté mi cabeza, la cama de Jimin ya no estaba en la sala de Urgencias y no la volví a encontrar.  Desde ese día Jimin nunca más volvió al Instituto.


JIMIN

28 de septiembre. Año 20 (en versiones O, V, E)

He dejado de contar cuántos días llevo en el hospital. Solía contarlos cuando tenía esperanzas y me quería marchar. Por la ventana puedo ver árboles, hierba y gente a lo lejos; hacía mucho que no los veía. Como mucho, ha pasado un mes. A veces los veo de uniforme, pero ya no siento nada especial. Debido a las pastillas, todo se ha vuelto aburrido y borroso. Así que hoy es un día especial. Un día sobre el que escribir en tu diario, pero yo no tengo diarios. Hoy voy a mentir por primera vez. Miraré al médico a los ojos y fingiré estar triste. “No me acuerdo de nada”.


HOSEOK

25 de febrero. Año 21 (en versiones O, V, E)

Bailo sin dejar de mirarme en el espejo. Aquí puedo sentir que mis pies no tocan el suelo y me libero de las exigencias y las miradas del mundo. Lo único que importa es cómo mi cuerpo se mueve al compás de la música.

Empecé a bailar con 12 años. Creo que fue en un concurso de talentos. Me subí al escenario delante de los chicos de mi colegio. Lo mejor de todo fueron los vítores, los aplausos y la seguridad en mí que sentí por primera vez.  Me di cuenta de que disfrutaba bailando. Conseguía disociarme y eso no era fruto de los vítores y los aplausos; no, era algo que provenía de mi interior.

Fuera de este espejo, estoy atrapado. No puedo sentir que floto e incluso, aunque no me guste, sonrío. Aunque esté triste, sonrío. Cuando me tomo las pastillas que no necesito, todo se viene abajo. Así que cuando bailo, no puedo dejar de mirarme en el espejo.  En ese momento me siento en paz y seguro. En ese momento puedo dejar ir todo, olvidar lo doloroso y creo que puedo ser feliz. Atesoro ese momento.


YOONGI

7 de abril. Año 22 (en versión O)

Me detuve al escuchar a alguien tocando mal el piano. Había alguien quejándose por culpa del borracho que caminaba entre los puestos del mercado ya vacío. La canción me sonaba pero no sabía de qué. Mis pasos ebrios se vuelven erráticos. Cerré mis cojos a propósito y anduve un poco más. El calor del fuego era abrasador y el sonido del piano, la brisa nocturna y el hedor se desvanecieron.

Abrí los ojos cuando noté pasar una luz repentina. Los faros del coche eran cegadores y levantó un poco de aire al pasar.  Entre el caos y el hedor, me tambaleé sin poder evitarlo. Oí maldecir al conductor.  Dejé de andar, maldije también y, de repente, ya no pude oír el sonido del piano. Escuché fuegos artificiales, el sonido del viento y el del coche al marcharse, pero no podía oír el piano. Creo que dejó de sonar. ¿Por qué paró? ¿Quién estaba tocando?

Tras un sonido ensordecedor, los fuegos artificiales dieron paso a la oscuridad. Durante un tiempo miré sus restos aturdido. Empecé a sentir calor en mi rostro y, en ese momento, escuché el sonido de las teclas del piano. Como un acto reflejo, miré hacia atrás y, de repente, mi respiración se volvió errática. Las pesadillas de mi infancia. Creo que el sonido es igual al de ese lugar.

En un instante, eché a correr. Inconscientemente, mi cuerpo se dirigió rápidamente a la tienda de música. Me siento como si repitiera un patrón. No sé por qué lo hago.

La tienda de música con el cristal roto. Hay alguien sentado delante del piano. Han pasado años, pero creo que puedo intentarlo una vez. Estaba llorando. Apreté mi puño. No es fácil involucrarse en la vida de alguien. No es fácil ayudar a quien está solo. No quiero convertirme en alguien importante para otra persona. No estoy seguro de ser capaz de proteger a alguien. No sé si sería capaz apoyar a esa persona hasta el final. No quiero hacer daño a nadie y no quiero que me hagan daño.

Me moví despacio. Pensé en darme la vuelta, pero no sabía qué hacer. Me giré y vi a Jungkook. “Hyung”.

Es la primera vez que nos vemos después de que le pegara en el instituto.


SEOKJIN

11 de abril. Año 22 (en versión E)

Fui solo a ver el mar. El océano estaba más azul y profundo que nunca. La luz del sol se reflejaba en la superficie del agua y el viento soplaba a través de los árboles. Lo único que había cambiado era el hecho de que estaba realmente solo. Cuando presioné el obturador, la escena cambió. Volví a aquel día hace 2 años y 10 meses, pero pronto se desvaneció. Ese día estábamos juntos, uno al lado del otro, frente al mar. Siempre estaba cansado y no tenía nada, pero, al menos, estábamos juntos.

Di la vuelta con el coche y pisé el acelerador. Pasé el túnel y paré. También pasé de largo el colegio al que fuimos juntos y abrí la ventanilla. Hacía una noche primaveral. La brisa era cálida y los árboles de cerezo se alineaban junto a la valla del colegio. Después, pasé algunos cruces hasta que vi las luces de la gasolinera donde trabaja Namjoon.


NAMJOON

11 de abril. Año 22 (en versión V)

Estaba buscando alguna camiseta que fuera barata cuando Taehyung  alzó un brazo por detrás de mí y cogió una. La camiseta tenía el mismo diseño que la que yo llevaba puesta. Taehyung me sonrió y se quitó la camiseta rota. Pude ver los moratones en su espalda gracias a la luz de mi camioneta. Hoseok me miró sorprendido. Taehyung se puso mi camiseta y se miró en el sucio espejo; entonces se rió.

“Llegué tarde porque él quería pintar algunos graffitis y la policía nos pilló, tuve que sacarlo de allí” fingí estar enfadado con Taehyung y éste, a su vez, fingió estar muy arrepentido. Yoongi hyung, que estaba sentado en la esquina de mi camioneta, se acercó lentamente a nosotros y pegó a Taehyung en el hombro.


JUNGKOOK

11 de abril. Año 22 (en versiones L, V, E)

Poco a poco las cosas evolucionaron de la manera que yo había deseado. Golpeé con ganas a los gamberros que me encontré en la calle y me dieron una paliza hasta destrozarme el corazón. Alcé la vista hacia el cielo mientras me apoyaba en la persiana metálica que protegía a un negocio cualquiera. Ya era de noche. Nada conseguía deslumbrar el oscuro cielo nocturno. Vi un montículo de hierba a lo lejos. Permanecía inmóvil en el suelo mientras el viento soplaba. Me recordó a mí mismo. Comencé a reír para evitar que mis lágrimas brotaran sin remordimientos.

Cerré los ojos y apareció la imagen de mi padrastro aclarándose la garganta. Mi hermanastro me había pegado y se reía. El resto de mi familia apartaba sus ojos y hablaban sobre temas sin sentido. Se comportaron como si yo fuera invisible, como si mi existencia no valiera la pena. Mi madre se sentía perdida cuando estaba con esa gente.

Mientras me apoyaba en el suelo para conseguir levantarme, una nube de polvo rosado se dispersó por mi cabeza y comencé a toser. Dolía igual que un puñal en el estómago. Me dirigí hacia el tejado de un edificio en construcción. Los terribles colores del cielo nocturno de la ciudad se extendían sin fronteras. Me subí a la barandilla y caminé con mis dos manos extendidas. Por un momento tambaleé y casi pierdo el equilibrio. Me invadió el pensamiento de que podría morir si daba un paso más. Todo esto terminaría con mi muerte. Nadie lloraría si decidiese dar un paso más.


TAEHYUNG

22 de mayo. Año 22 (en versión V)

Iba caminando entre la arbolada, cuando hyung me llamó por teléfono.  Han pasado muchas cosas estos días. Me alejé para que otros no pudieran oírme. Ralenticé deliberadamente mi paso y me giré hacia el mar. Hyung no me vio y pasó de largo “Eres solo un año más joven que yo. Ah no, no me importa. No es algo de lo que me tenga que hacer cargo”.

Un escalofrío me recorrió la columna y el mundo pareció detenerse. Me sentía como si estuviera luchando por no ahogarme en un mar profundo, solo. Me sentía asustado, miserable y desgastado. Enfadado, tan enfadado que no podía soportarlo más. Quería hacer algo, lo que fuera. Que todo terminase, pegarle. Pero siempre he tenido miedo. Tengo la sangre de mi padre. Quizá he heredado su violencia. Creo que algo ha atravesado el escudo que construí para defenderme.


HOSEOK

31 de mayo. Año 22. (versiones L, O, V, E)

Evité intuitivamente el encuentro con sus ojos mientras notaba cómo me quedaba sin aliento. Aunque esa incómoda sensación de asfixia me resulte familiar, sobre todo tras bailar durante bastantes horas, en aquel momento el contexto era totalmente diferente. En aquel momento me parecí a mi madre. No, no era un síntoma de haber estado pensando en ella, pero tampoco encuentro otra forma de explicarlo o describirlo. No pude mirar bien la cara de mi amigo, a quien conozco desde hace 10 años. Mientras aprendíamos juntos a bailar, a caer y a perder la esperanza, conseguía esa fuerza para seguir adelante. Tumbados en el suelo después de empaparnos de sudor, bromeábamos y nos lanzábamos las toallas.

Sentí cómo se despertaban ciertas emociones en mi interior que hacía tiempo que no sentía, así que me levanté precipitadamente. Después de girar la esquina, apoyé mi espalda en la pared. Mientras intentaba con todas mis fuerzas acompasar mi respiración escuché algo, “Hoseok-ah, ¿a dónde vas?”. Una voz. Creo que era una voz. Esa voz me llamó “Hoseok-ah.” Una voz que ahora no puedo recordar claramente, una voz que me transportó a la época en la que yo tenía siete años.


YOONGI

8 de junio. Año 22 (versiones L, O, V, E)

Me volví a quitar la camiseta. El reflejo que me observaba desde el espejo era completamente diferente a mí. La palabra “DREAM” escrita en aquella camiseta no era mi estilo. El color rojo, la palabra “DREAM” y su corte ajustado no me gustaba lo más mínimo. Lleno de frustración saqué un cigarro y empecé a buscar mi mechero. Palpé los bolsillos de mi pantalón sin éxito, así que comencé a hurgar dentro de mi mochila. Entonces la realidad me golpeó con fuerza. Me lo quitaron. Me lo arrancaron sin remordimientos de mis dedos y, a cambio, recibí un chupa-chups y esta camiseta roja.

Me levanté con mi pelo despeinado cuando mi teléfono me avisó de que había recibido un mensaje. Cuando vi las tres letras en la pantalla mi habitación se llenó de luz y mi corazón se hundió. Mientras leía el mensaje mi cigarro se rompió por la mitad. Justo después mi reflejo me sonrió desde el espejo. Allí estaba yo, con la palabra “DREAM” estampada en mi pecho, el color rojo, su corte ajustado y sonriendo tontamente como si algo bueno hubiera ocurrido.


SEOKJIN

13 de junio. Año 22 (teaser de LOVE YOURSELF 承 ‘Her’)

Después de volver de ese mar, estábamos todos solos.

No contactamos los unos a los otros, como si hubiéramos planeado no hacerlo. Solo podíamos adivinar la existencia del otro a través del graffiti que quedaba en las calles, la estación de servicio con sus luces brillando aún, y el sonido del piano que venía del viejo edificio. Todos esos momentos, la imagen de esa noche que volvería como un fantasma. Los ojos de Taehyung que brillaban como una llama, la forma en que me miraban como si hubieran escuchado algo que no podían creer, la mano de Namjoon que paró a Taehyung, yo que no pude soportando y acabé desestabilizando a Taehyung con mi puño.

No podía encontrar a Taehyung, que había huido, y cuando regresé a nuestro alojamiento en la playa, no había nadie allí. Los únicos atisbos de los eventos de hacía unas horas eran un vaso de cristal roto, sangre que empezaba a dejar mancha y aperitivos aplastados. Allí había una foto que había caído. En la foto con el mar de fondo, estábamos juntos y riendo.

Acabo de pasar por la estación de servicio de nuevo hoy. Llegará el día en el que nos volvamos a ver de nuevo. Llegará el día en el que riamos como reíamos en la foto. Llegará el día en el que tenga coraje a enfrentarme a mí mismo. Pero por ahora, sigo sin hacerlo. Una brisa húmeda soplaba hoy también, como ese día. Y luego, al momento, como una advertencia, sonó mi teléfono. La foto colgada en el retrovisor se movió. El nombre de Hoseok apareció en la pantalla.

“Dicen que Jungkook sufrió un accidente de coche esa noche.”


TAEHYUNG

25 de junio. Año 22 (versiones L, O, V, E)

Ralenticé mis pasos a propósito cuando noté que alguien se acercaba detras de mí. Hoy era la tercera vez que nos encontrábamos en la tienda. La única diferencia es que hoy salieron corriendo nada más verme. Huyeron hacia una zona desierta detrás de la tienda y cuando aparecí, intentaron esconderse. Pensaron que estaban bien ocultos pero podía ver sus grandes sombras moviéndose por su aparente escondite. Me reí conmigo mismo y me fui fingiendo desconocer todo lo estaba ocurriendo. Nada más comenzar mi camino, empezaron a seguirme desde la distancia.

Giré hacia un amplio callejón. Era el único lugar de todo el barrio donde las farolas iluminaban la calle. El callejón era largo y la farola se encontraba a medio camino. Cuando la luz me alcanzó, una sombra apareció detrás de mí. En ese momento mi sombra se habría extendido ampliamente a mis espaldas. Es posible que se extendiera hasta los pies de la persona que me perseguía aguantando su respiración. Mi larga sombra desaparecíó bajo mis pies a medida que caminaba bajo la farola. Empecé a caminar más rápido. A medida que la farola se alejaba de mí, mi sombra comenzaba a extenderse delante de mí. Poco después, una sombra desconocida apareció lentamente en el polvoriento asfalto de la carretera. Me detuve y la presencia a mis espaldas también. Dos sombras de diferente tamaño se quedaron inmóviles sobre el asfalto, una al lado de la otra.

“Esperaré hasta que vengáis aquí”, dije. La sombra saltó, como si se hubiera asustado. Aun así, continuaron aguantando sus respiraciones, paralizados, como si no estuvieran allí. “Puedo verlo todo, lo sabéis”, dije mientras señalaba la sombra. Instantes después escuché los el sonido click-clack de unos pasos aproximándose hacia mí. Me reí.


NAMJOON

30 de junio. Año 22 (versiones L, O, V, E)

Me observé a mí mismo con cierto asombro. Observé a mi mano que, como si tuviera voluntad propia, se estiró para pulsar el botón que permitía al ascensor abrir sus puertas. He experimentado momentos como este. Momentos que vivo por primera vez pero que, por alguna extraña razón, me parecen a la vez viejos conocidos. La puerta del ascensor, a punto de cerrarse por completo, volvió a abrirse y la gente comienzó a agruparse en su interior. Entre toda esa multitud busqué a una persona que había decidido ese día recoger su melena negra con una cinta amarilla. No pulsé el botón porque sabía que esa persona estaba aquí, en el ascensor; pero entonces pensé que no era ningún milagro. Paso a paso comencé a caminar hacia atrás hasta que mi espalda tocó la fría pared del ascensor. Levanté la cabeza y vi la cinta amarilla.

La gente de espaldas transmite muchas historias. De todas ellas apenas pude comprender un par. De algunas únicamente podemos atisbar gruesas pinceladas, mientras que otras permanecen inescrutables hasta el final. Entonces pensé que a veces es posible comprender a una persona sólo con leer la sinopsis de su vida en su espalda, como si de un libro se tratara. Si eso es cierto, ¿alguien podría entenderme con sólo mirarme de espaldas?

Nuestros ojos se encontraron cuando levanté mi cabeza y miré al espejo. Ella evitó mis ojos al momento. No era la primera vez que vivía una situación como esta. Cuando volví a levantar mi cabeza lo único que pude ver en el espejo fue el reflejo de mi cara. No fui capaz de verme de espaldas.


JIMIN

3 de julio. Año 22 (versiones L, O, V, E)

Poco a poco me estiré en el suelo. Después de apagar la música, el silencio invadió la habitación y no pude escuchar nada salvo mi propia respiración y los latidos de mi corazón. Saqué mi teléfono y empecé a ver un vídeo de la coreografía que había estado aprendiendo esa misma mañana. En el vídeo, los movimientos de hyung eran fluídos y precisos. Sabía que esa perfección era el resultado que hyung había conseguido después de sacrificar infinitas horas, sudor y ensayos; y yo, que prácticamente no dominaba nada, era egoísta y deseaba llegar a su nivel. Sin embargo, compresión y esperanza son dos cosas diferentes y lo único que podía hacer era suspirar.

Reuní todas mis fuerzas y me levanté del suelo. Intenté imitar los pasos pero lo único que conseguía era tropezarme con mis propios pies. Seguí equivocándome en la parte donde tenía que coordinar los movimientos mientras cambiaba las posiciones. Conseguí solucionarlo al día siguiente, pero antes de eso quise asegurarme de que estaba haciendo las cosas bien. En vez de escuchar frases de ánimo como “Lo haces mejor de lo que esperaba”, cuando conseguía acompasar mi respiración con la de hyung lo único que deseaba fervientemente era que me reconocieran como el compañero de hyung, como alguien que logró llegar a su mismo nivel.


JUNGKOOK

16 de julio. Año 22 (versiones L, O, V, E)

Estaba al lado de la ventana escuchando música con mis auriculares, cantando al son de la canción. Ya había pasado una semana. Ahora podía cantar la canción sin mirar la letra. Me quité un auricular y practiqué mientras escuchaba mi propia voz. Los demás decían que les gustaba la letra porque era bonita, pero yo no lo entendía – para mí era vergonzosa. Los rayos de luz de julio atravesaron con fuerza la gran ventana. Las hojas comenzaron poco a poco a crujir y brillar, quizás por culpa del viento. Cada vez que ocruría eso, la luz del sol que acariciaba mi cara también comenzaba a parecer diferente. Cerré los ojos. Canté mientras observaba los diferentes colores – amarillo, rojo y azul – que florecían bajo mis párpados cerrados. Puede que fuera por la letra o por la luz del sol, pero algo comenzó a ebullir dentro de mi pecho; un sentimiento que me provocó cosquillas y picor a la vez.


SEOKJIN

15 de agosto. Año 22 (versiones L, O, V, E)

Después de abandonar la caótica intersección me detuve abruptamente sin pensarlo, a pesar de que en aquel momento la mejor elección era acelerar el paso. El coche que circulaba a mis espaldas me sobrepasó mientras su conductor hacía sonar la bocina impacientemente y oía a alguien maldecir mi existencia; pero todos esas quejas quedaron acalladas por el fervor rugido de la ciudad. Detecté una pequeña floristería que hacía esquina en un callejón situado a mi derecha. La razón por la que mis pies se detuvieron no se debió a esa tienda; de hecho la descubrí justo después de deternerme.

El interior de la humilde floristería aún estaba en construcción. Contuve mi respiración mientras me acercaba al propietario que organizaba documentos en una esquina del local. Hasta ese momento había visitado numerosas floristerías sin éxito, ya que ningún florista conocía la existencia de aquellas flores y únicamente se dedicaban a enseñarme otras de colores similares. Pero mi búsqueda no se basaba en similitudes. Tenían que ser las auténticas. El dueño del negocio me observó durante un largo periodo de tiempo tras escucharme nombrar las flores. Mientras me confirmaba que podría enviar mi pedido a pesar de que la tienda todavía no estaba inaugurada, me preguntó, “¿Por qué necesitas esas flores en concreto?”.

Su pregunta siguió revoloteando en mi cabeza mientras empujaba la puerta para salir de la floristería y volver a la acera. Busqué dentro de mi mente una razón que justificase mi necesidad imperiosa por encontrar esas flores. Sólo encontré una. Quería hacer feliz a esa persona. Quería verle sonreír. Quería verle disfrutar de las flores. Quería convertirme en una buena persona.

Trad. Ing: Bulletproof_SG, snowflake_dee, venezuelawings, rosoidae

Trad. Esp: BTS Spain

**Si tomas la traducción, por favor, respeta TODOS los créditos**

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