[ARTÍCULO] 21/05/18 – BTS viste de Gucci y cierra los Billboard Music Awards.

Hace justamente un año que comenzó el viaje internacional de BTS – en los BBMAs del año pasado, llegaron vestidos con trajes negros de Saint Laurent, se llevaron a casa el Top Social Artist y comenzó la gran subida al estrellato internacional que los llevó a los AMAs, el Show de Ellen y un vídeo exclusivo con Vogue, además de asistir a otros eventos de gran escala. Hoy, el septeto surcoreano vuelve a Las Vegas para participar en el show otra vez, haciendo algo notorio: presentando el single “FAKE LOVE” de su nuevo álbum, Love Yourself: Tear, por primera vez (y, sin ninguna duda, llevándose el Top Social Artist otra vez).

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[THE NOTES] Love Yourself 轉 ‘Tear’

HOSEOK – 23 de Julio, año 10

Cuando conté hasta 3, escuché el sonido de su risa como una alucinación y, al rato vi pasar a un niño de la mano de alguien. Miré hacia atrás rápidamente, pero allí no había nadie, excepto mis compañeros de clase mirándome. “Hoseok-ah”. La profesora me llamó por mi nombre. En ese instante me di cuenta de donde estaba. Era una excursión al campo, estaba contando los frutos que estaban en el libro de texto. 5,6, seguí contando pero cuando continué, mi voz comenzó a temblar y mis manos empezaron a sudar. Los recuerdos de esa época seguían cada vez más presentes.

Ese día no era capaz de recordar la cara de mi madre, solo me acordaba de la chocolatina que me dio mientras mirábamos el parque. “Hoseok-ah, cuenta hasta 10  y abre los ojos”. Cuando terminé de contar y abrí mis ojos, mi madre no estaba allí. Estuve esperando durante mucho tiempo a que ella regresase, pero eso nunca pasó. Únicamente pude contar hasta 9, hubiera podido contar uno más, pero la voz no me salía. Me empezaron a pitar los oídos y mi entorno se nubló. La profesora siguió señalándome, exigiéndome que siguiera contando y mis compañeros no paraban de mirarme. No era capaz de recordar la cara de mi madre, pensaba que si contaba hasta 10, mi madre nunca más volvería a buscarme.

Y me desmallé.


JIMIN – 6 de abril,  año 11

Estaba a las puertas del Jardín Botánico de flores solo. El tiempo era gris y un poco frío, pero me encontraba de buen humor. Era el día del picnic, pero mi madre y mi padre estaban ocupados. Me sentía algo decepcionado al principio. Sin embargo, en el concurso de dibujar flores fui alabado y uno de los amigos de mi madre dijo: Wow, Jimin es muy maduro. En ese momento me sentí bastante guay.

“Jimin, espera ahí. La profesora vendrá pronto” fue lo que me dijo mi profesora cuando el picnic terminó, pero no esperé. Estaba seguro de que podría volver solo. Cogí las asas de mi mochila con las dos manos y anduve intentando aparentar madurez. Parecía que los otros me estaban mirando, por lo que mantuve los hombros incluso más alto. Poco tiempo después, empezó a llover. Mis amigos y sus madres se marcharon, y no había nadie que hubiese venido a buscarme; me dolían las piernas. Me cubrí la cabeza con la mochila y me resguardé al cobijo de un árbol. La lluvia empezó a caer con más fuerza. No era capaz de ver ninguna casa o tienda. El lugar al que había llegado era la parte trasera del jardín botánico. La puerta lateral estaba abierta y por el hueco a través era capaz de ver una especie de lugar de almacenaje.


YOONGI – 19 de septiembre, año 16

El fuego ardía en un rojo carmesí. La casa en la que había vivido hasta esa mañana fue devorada por las llamas. La gente que me conocía corrió, gritando algo. Los vecinos caminaban con pasos cortos. Habían dicho que la entrada no era segura por lo que el camión de bomberos no podía entrar. Se paró ahí donde estaba.

Era el final del verano. Era el principio del otoño. El cielo estaba azul y el aire era húmedo. No sabía qué pensar, qué debía de sentir, qué debía de hacer. Entonces un pensamiento llegó a mi cabeza: “oh, mamá”. Al momento, la casa se vino abajo con un estruendoso ruido. La casa fue engullida por las llamas—no, la casa se había convertido en llamas; el techo, los pilares, incluso mi cuarto se deshacía como si la casa fuese de arena. Con un aspecto de atontado, me quedé ahí y lo vi todo.

Alguien me empujó. Estaban diciendo que el camión de los bomberos había entrado. Otra persona me cogió y pidió una respuesta. Aquella persona me miró a los ojos y gritó la pregunta, pero no pude oír nada.

“¿Hay alguien dentro?”. Miré en silencio a esa persona. “¿Está tu madre dentro?”. Me cogió de los hombros y me zarandeó. Inconscientemente, respondí. “No. No hay nadie”. “¿De qué estáis hablando?”, preguntó una vecina. “¿Qué pasa con tu madre? ¿Se fue a algún sitio?”

“No hay nadie”. Dije incluso sin ser consciente de mis propias palabras. Alguien me empujó otra vez.


YOONGI – 12 de junio, año 19

Me marché de la escuela sin pensarlo, pero realmente no tenía a dónde ir. Hacía calor, no tenía dinero, y no tenía nada que hacer. Había sido Namjoon que había propuesto ir a la playa. El más joven de los chicos parecía emocionado; pero yo no me sentía así, aunque tampoco me desagradaba la idea. “¿Tenemos dinero?”. Ante mi pregunta, Namjoon hizo a todos vaciar sus bolsillos. Unas pocas monedas, unos pocos billetes. “Así que no podemos ir”. Con toda probabilidad, quien dijo que podíamos ir caminando fue Taehyung. Namjoon nos suplicó con la mirada que lo pensáramos una vez más, pero los chicos comenzaron a alejarse, riéndose y pretendiendo dar la vuelta a la calle antes de empezar a caminar. Yo no tenía ganas de hablar, así que me quedé atrás. Era medio día, los árboles ginkgo no podían darnos sombra y los coches levantaban el polvo de la carretera cuando pasaban a nuestro lado.

“Vayamos allí”. Fue Taehyung quien habló esa vez. ¿O había sido Hoseok? No me importaba por lo que no presté demasiada atención, pero habría jurado que había sido uno de ellos dos. Había estado caminando sumido en mis pensamientos, haciendo levantar el polvo del suelo, pero cuando casi me choqué con alguien ladeé la cabeza. Jimin estaba ahí parado, como si se hubiera quedado congelado. Los músculos de su cara temblaban como si hubiese visto algo aterrador. Estaba mirando el cartel que decía “Jardín Botánico de flores, 2.2 kilómetros”.

“No quiero andar”. Escuché decir a Jungkook. El sudor caía por la cara de Jimin, que se había quedado pálido, como si fuese a colapsar en cualquier momento. ¿Qué estaba pasando? Tenía una sensación extraña. “Park Jimin”. Lo llamé, pero tal y como me había imaginado, no se percató de nada. Volví a ladear la cabeza para mirar el cartel.

“Oye, hace mucho calor. ¿Por qué íbamos a ir al jardín botánico? Vamos a la playa”. Mientras lo decía, arrastré mis piernas. No sabía qué clase de lugar era ese jardín botánico, pero no parecía que se trata de un lugar al que debíamos ir. Fuera cual fuese la razón, la expresión de Jimin era extraña. “Ni siquiera tenemos dinero…”, dijo Hoseok. “Por eso estamos andando”. Y Taehyung añadió, “Si andamos hasta la estación de tren, probablemente lo conseguiremos”. Entonces, Namjoon añadió “Y por eso nos moriremos de hambre en la cena”. Jungkook y Taehyung parecían a punto de echarse a llorar, y Seokjin hyung se rio. Jimin solo comenzó a moverse cuando decidimos caminar hasta la estación de tren. Caminaba con la cabeza agachada y los hombros temblando. Jimin parecía un niño pequeño. Volví a mirar el cartel. Las letras que decían “Jardín Botánico de flores” se iban difuminando conforme nos alejábamos.


TAEHYUNG – 20 de marzo, año 20

Me deslicé por el pasillo, haciendo un gran ruido con mis pies. De golpe paré. Podía ver a Namjoon delante de “nuestra clase”. Nuestra clase. Nadie lo sabía, pero llamaba a esa habitación nuestra clase. Yo y mis hyungs y Jungkook, era nuestra. Aguanté la respiración y seguí adelante. Iba a seguirlo.

“¡Director!”. No había ni cinco pasos cuando escuché una voz, que denotaba urgencia, a través de una ventana abierta de la clase. Parecía que era la de Seokjin hyung. De golpe me paré. ¿Estaba Seokjin hyung hablando en ese momento con el director? ¿En nuesta clase? ¿Por qué? Entonces, escuché mi nombre y el de Yoongi hyung, y entonces vi a Namjoon hyung sobresaltarse. Tal y como había sospechado, Seokjin hyung abrió la puerta de golpe. Había un teléfono en su mano. El shock y la confusión se podían leer en su cara. No pude ver la expresión de Namjoon hyung. Me escondí y los espié. Seokjin hyung abrió su boca, y puede que para decir cualquier excusa, pero Namjoon hyung movió una mano y habló. “Está bien”. Seokjin hyung parecía confuso. “Hyung debe de tener alguna razón”. Después de que él hablara, Namjoon hyung pasó al lado de Seokjin hyung y entró a la clase. No podía creerlo. Seokjin hyung le contó al director lo que Yoongi hyung y yo habíamos estado haciendo días atrás. Le contó todo, sobre saltarnos las clases y escalar por el muro para luchar con otros chicos. Pero Namjoon hyung dijo que todo estaba bien.

“¿Qué estás haciendo aquí?”. Me di la vuelta sobresaltado. Eran Hoseok hyung y Jimin. Hoseok hyung parecía estar más sorprendido y apoyó su brazo en mi hombro. En un momento de confusión, dejé que Hoseok hyung me llevara a clase. Namjoon hyung y Seokjin hyung estaban hablando y levantaron la mirada. Seokjin hyung se levantó con velocidad y dijo algo sobre que se tenía que marchar mientras salía de la clase. Me fijé en la expresión de Namjoon hyung. Había mantenido la vista clavada en la espalda de Seokjin hyung, pero ahora se reía como si no hubiese pasado nada malo. En ese momento se me ocurrió algo. Namjoon hyung debía de tener una razón. Porque hyung sabía más que yo, y era más listo y mayor. Y por eso era nuestra clase. Fui a nuestra clase, poniendo la falsa sonrisa que todos habían llamado mi “sonrisa ensayada”. Pensé que no le podía decir a nadie el contenido de aquella conversación.


SEOKJIN – 17 de julio, año 20

Una vez cruzo las puertas del colegio, el sonido de las cigarras llena mis oídos. El jardín del colegio está lleno de niños riéndose, jugando y echando carreras. Empezaban las vacaciones de verano y todo el mundo hablaba. Cubro mis orejas y camino entre ellos. Quería irme lo más rápido que pudiera.

“Hyung”. Levanto mi cabeza, sorprendido por la repentina aparición de una sombra. Son Hoseok y Jimin. Me miran, con amplias sonrisas y sus ojos llenos de malicia. “Hoy empiezan las vacaciones ¿te vas a ir?” Añadió Hoseok, tirando de mi brazo. Murmuro un “claro, claro” y otras palabras sin sentido antes de girar la cabeza. Lo que ocurrió ese día fue un accidente, no fue intencional. No sabía que Jungkook y Yoongi estarían en el cuarto de almacenamiento en ese momento. El director sospechó que estaba encubriendo a mis donsaengs. Dijo que le diría a mi padre que no estaba siendo un buen estudiante, así que tuve que responder. Mencioné el escondite porque creí que estaría vacío. Pero, al final, han expulsado a Yoongi. Y nadie supo que yo tuve parte de culpa.

“¡Pasa un buen verano, hyung! Te llamaré”. Hoseok quita su mano de mi brazo, leyendo mi expresión y me despide de forma aún más alegre. No puedo decirle nada. Mientras cruzo la vaya del colegio, pienso en el primer día que vine a la escuela. Nos castigaron a todos juntos por llegar tarde y nos reímos de ello.

He arruinado todo.


JUNGKOOK – 30 de septiembre, año 20

“Jeon Jungkook. No vas a ir ¿no” No contesto. Me quedo de pie, mirándome los dedos de los pies. Como no contesto, me da en la cabeza con la carpeta, pero incluso entonces, no abro la boca. Estoy en el aula que utilizaba con mis hyungs, la descubrí un día que les seguí y, desde entonces, fui allí todos los días. Quizá los hyungs no lo sabían. A veces no iban porque tenían otros planes o estaban ocupados por sus trabajos a media jornada. Llevo días sin ver a Seokjin hyung ni a Yoongi hyung, pero yo no he faltado un solo día. Hay días en los que nadie viene, pero está bien. Si no vienen hoy, ya vendrán mañana. Si no, vendrían al día siguiente, así que estaba bien.

“Solo aprendes cosas malas cuando te juntas con ellos”, me pega otra vez. Alzo la vistas y le miro. Me pega otra vez. Recuerdo a Yoongi pegándome. Aprieto los dientes y lo aguanto. No quería mentir y decir que no había ido.

Ahora estoy otra vez frente a esa clase. Siento que los hyungs están tras la puerta. Siento como si fueran a levantar la cabeza del videojuego que están jugando para preguntarme por qué he tardado tanto. Seokjin hyung y Namjoon hyung estarían leyendo algún libro, Yoongi hyung estaría tocando el piano y Hoseok hyung y Jimin hyung estarían bailando.

Pero cuando abro la puerta, solo está Hoseok hyung. Está recogiendo la clase y todo lo que dejamos atrás. Sujeto el manillar de la puerta y me quedo allí plantado mientras hyung se acerca y me rodea el brazo con los hombros. Me lleva fuera del aula “vámonos”. La puerta se cierra detrás de nosotros y, de repente, me doy cuenta de que esos días ya no volverán nunca más.


NAMJOON – 17 de diciembre, año 21

Las personas que esperaban al primer autobús intentaban calentarse las manos ante el frío. Miré el polvo que había en el suelo mientras agarraba la correa de mi mochila. Intentaba no hacer contacto visual con nadie. Era un pueblo a las afueras donde solo pasaban dos autobuses al día. Desde la distancia, vi aparecer al primer autobús.

Me subí detrás de todo el mundo. No miré atrás. Cuando me apasionaba algo, cuando no tenía nada a lo que agarrarme, cuando no tenía nada que dejar salvo cosas de las que escapar—tenía condiciones. No iba a mirar atrás. En el momento que lo hiciese, todos los esfuerzos que había puesto hasta ahora se convertirían en menos que espuma de mar. Mirar atrás. Era una especie de superstición, una especie de promesa, algo a lo que temer. Solo cuando fuese capaz de superar esas cosas podría escapar.

El bus arrancó. No tenía ningún plan. No tenía nada que me apasionara sobre ello, nada a lo que agarrarme, ninguna razón en particular por la que escapar. Estaba cerca de pensar en huir. El rostro cansado de mi madre. Mi hermano vagabundo. La enfermedad de mi padre. Empezando por la situación que vivíamos en casa, la cual había ido empeorando cada día. Desde mi familia, que imponía el sacrificio y la tranquilidad; y desde mí mismo, que había pretendido no saber nada y me había contenido, tratando de hacerme a la situación y crecer resignado. Y, sobre todo, lejos de la pobreza.

Si alguien preguntaba si ser pobre era un crimen, todos dirían que no. Pero, ¿cuál era la verdad? La pobreza roe muchas cosas. Cosas que son preciadas se convierten en algo sin significado. Te das por vencido en cosas a las que no te puedes dar por vencido. Creces desconfiado, asustado y resignado.

El bus llegó a la parada que tan bien conocía en unas pocas horas. Cuando abandoné aquel lugar hace un año, no dejé ningún mensaje atrás. Y ahora estaba volviendo sin dar ninguna señal o advertencia de que iba de nuevo allí. Traté de recordar las caras de mis amigos. Había cortado todo contacto con ellos. ¿Qué estarían haciendo? ¿Estarían orgulloso de verme? ¿Seríamos capaces de juntarnos y reír como hacíamos antes? Había escarcha en las ventanas y no podía ver el paisaje que me rodeaba. Sobre la escarcha, moví mi dedo con lentitud.

“Tienes que sobrevivir”.


SEOKJIN- 11 de abril, año 22

Con un estridente sonido, freno el coche. Estaba tan distraído con mis propios pensamientos que ni siquiera he visto cómo cambiaba el semáforo. Algunos estudiantes, en un uniforme que reconozco, me miran a través del cristal, algunos me señalan. Me disculpo e inclino la cabeza con una sonrisa forzada.

Sé lo que tenía que hacer, pero estaba asustado. ¿Realmente podía acabar con todo ese dolor? ¿Repetir los mismos fallos una y otra vez no es la prueba de que conseguirlo es imposible? ¿No es esto una señal para que me rinda? ¿No será que, en realidad, estamos condenados a ser infelices? Incontables pensamientos llenan mi cabeza.

En algún punto llego a la intersección con la gasolinera y puedo ver a Namjoon surtiendo algunos coches. Respiro profundamente. Intento recordar sus caras una a una: Yoongi, Hoseok, Jimin, Taehyung, Jungkook. Entonces cambio de carril y me meto en la gasolinera. No puedo rendirme. Si hay, aunque sea, un 1% de probabilidades de tener éxito, no puedo rendirme. Por mi ventanilla, a Namjoon acercándose.


JUNGKOOK – 2 de mayo, año 22

Cuando alzo la cabeza, estoy frente al contenedor de Namjoon hyung. Abro la puerta y me meto. Recojo las prendas que están dispersas, me cubro con ellas y me acurruco. El frío me abraza. Me tiembla todo el cuerpo y quiero llorar, pero las lágrimas no acuden a mí.

Cuando abrí la puerta y entré, Yoongi hyung estaba de pie en la cama. Las llamas ascendían desde el borde de la sábana. En ese momento, se me llenó todo el cuerpo de rabia y miedo que ni siquiera pude contener. No tengo el don de la palabra, no sé expresar bien mis sentimientos o persuadir a los demás. Las lágrimas fluyeron y solo podía toser, mis palabras seguían sin salir. Mientras corría hacia las llamas, las únicas palabras que pude pronunciar fueron: “prometimos ir juntos al a playa”.

“¿Por qué estás así? ¿Tuviste una pesadilla?” Alguien me sacude por el hombro y abro los ojos, es Namjoon hyung. Por alguna razón, me siento aliviado. Hyung me toca la frente y me dice que tengo fiebre; parece que está en lo cierto. El interior de mi boca está ardiendo, pero en realidad siento mucho frío. Me duelen la cabeza y la garganta, apenas puedo tragar la medicina que hyung me trae. “Duerme un poco, hablaremos luego”. Asiento, entonces hablo “¿algún día seré un adulto como tú, hyung?” Namjoon hyung aparta la mirada.


JIMIN – 19 de mayo, año 22

Al final, tuve que ir al Jardín Botánico de flores. Tenía que parar de repetirme a mí mismo la mentira de que no recordaba nada de lo que había pasado allí. Tenía que parar de vivir escondido en el hospital y dejar de tener convulsiones. Si quería hacer eso, tenía que volver a aquel lugar. Con esa intención, fui hasta la parada del bus cada día, pero nunca fui capaz de cogerlo hasta el jardín botánico.

Yoongi hyung vino y se sentó a mi lado incluso después de haber dejado pasar tres autobuses. Le pregunté qué hacía y hyung dijo que estaba aburrido y no tenía nada que hacer. Entonces él me preguntó qué era lo que estaba haciendo sentado allí. Ladeé la cabeza y golpeé el suelo con las suelas de mis zapatos. Estaba pensando por qué estaba sentado allí. Era porque no tenía coraje alguno. Porque quería fingir estar bien, que lo sabía un poco, que era capaz de superarlo por mi propia cuenta, pero la verdad era que estaba asustado, que tenía miedo de la posibilidad de encontrarme con algo, de que no pudiera superarlo y que tuviese otra convulsión.

Yoongi hyung me miró relajado. Se recostó en el asiento como si nada en el mundo le preocupase y dijo que el tiempo era bueno, dijo toda esa clase de cosas inútiles que se dicen. Después de escuchar aquello, me di cuenta de que el tiempo era realmente bueno. Estaba tan preocupado que no me había dado cuenta de lo que había a mi alrededor. El cielo estaba azul. Una brisa caliente soplaba en alguna ocasión. A lo lejos, el autobús que iba hacia el jardín botánico estaba llegando. El autobús paró y abrió la puerta. El conductor me miró. En un impulso, hablé:

“Hyung, ¿quieres venir conmigo?”.


TAEHYUNG – 20 de mayo, año 22

Miré mi mano. Estaba llena de sangre. De repente toda la fuerza abandonó mis piernas. Empecé a colapsar, pero alguien em cogió por detrás. La luz difuminaba entraba por la ventana. Alguien estaba llorando y Hoseok hyung estaba de pie sin palabras. Los productos domésticos viejos y la manta estaban esparcidos tal y como lo estaban siempre. No había nadie donde mi padre se encontraba. No era capaz de recordar cuándo o cómo había dejado la habitación.

La rabia y la tristeza que había sentido en el momento en el que lo ataqué seguían intactos dentro de mí. No sabía qué era lo que me había impedido apuñalarlo. No sabía cómo podía darle consuelo a mi corazón y parecía que iba a volverme loco. No quería matar a mi padre, quería morirme. Si hubiese podido, me habría muerto en ese mismo momento. No lloré. Quería llorar, quería gritar, quería golpear y destruir y arruinar todas las cosas, quería crear un caos, pero no fui capaz de hacer nada de eso.

“Hyung. Lo siento. Estoy bien, vámonos”. Mi voz sonó seca, y en discordancia con la locura de mi corazón. No me veía como mi voz. Empujé a hyung, quien no parecía querer marcharse, y miré mis manos. La sangre estaba empapando la venda blanca. En lugar de apuñalar a mi padre, había golpeado el suelo con una botella de alcohol. La botella se había roto y el cristal había cortado mis manos. Cuando cerré mis ojos, el mundo se distorsionó. Qué debo de pensar, qué debo de hacer, cómo puedo vivir. Incluso en esta situación—no, porque estaba en esta situación, comencé a alorar mi existencia aún más. Quería decírselo a él. Hyung, yo, yo casi maté a mi padre, el padre que me crio, el padre que me golpeó como si viviera en un infierno día tras día. No, realmente lo maté. Lo maté tantas veces. En mi corazón lo maté tantas veces que no sería capaz de empezar a contarlas. Quiero matarlo. Tengo la necesidad de matarlo. No sé qué hacer, no sé nada. Hyung, quiero verte ahora.


HOSEOK – 20 de Mayo, año 22

Tomé a Taehyung  y me enfrenté al oficial de policía. “Has trabajado duro”. Aunque mi cabeza estaba inclinada, pude hablar con firmeza, lo que no es normal en mí. La comisaría no estaba lejos de la casa de Taehyung, si viviera más lejos, no hubiera tenido la necesidad de estar tan a menudo en la comisaría. Me pregunto, por qué los padres de Taehyung se fueron a vivir a una casa tan cerca de la comisaria. El mundo era muy injusto, y más para una persona tan amable y tierna. Pasé mi brazo por los hombros de Taehyung, y le pregunté si había comido, intentando actuar como si nada hubiera pasado. Taehyung únicamente negó con la cabeza. Le pregunté que si el policía, al verlo, se puso tan contento que le dio comida, pero él no me respondió.

Caminamos hacia el sol, pero en mi corazón soplaba un viento frio. Si yo me sentía así, entonces ¿Cómo se sentiría él?, ¿Qué tan roto y destrozado estaría internamente? ¿Le quedaría algo de corazón?, ¿Cuán atormentado tendría que tener su corazón?, Todas esas preguntas rondaban mi cabeza, por lo que no era capaz ni de mirarlo, y opté por mirar únicamente al cielo. En esos instantes pasó un avión por la luz del sol. La primera vez que vi las heridas en la espalda de Taehyung, fue la primera vez que me lo encontré en la guarida de contenedores de Namjoon. No le dije nada a Taehyung, quien estaba contento por haber conseguido una camiseta, pero un lugar de mi corazón colapsó en ese momento.

No tenía padres, no recordaba a mi padre y los recuerdos de mi madre duraban hasta cuando yo tenía 7 años. Cuando se trataba de dolor en el tema familiar, nadie me tendría envidia. La gente me solía decir que tenía que superar el dolor, aceptarlo y acostumbrarme a él. Tenía que reconciliarme conmigo mismo y entonces sería cuando podría vivir, pero con eso únicamente no se consigue; no es porque no lo hubiera intentado o me hubiera negado, pero únicamente con las intenciones no se consiguen las cosas, y nadie me dijo como tenía que hacerlo. El mundo me dio nuevas heridas, antes de que hubiera podido sanar las antiguas. ¿Por qué alguien tiene que tener tantas heridas?, ¿Eran necesarias?, ¿Por qué me sucedieron esas cosas a mí?

“Estas bien, Hyung, me voy solo”, Taehyung me dijo que teníamos que ir por la bifurcación del camino, por lo que le contesté que ya lo sabía. Taehyung tomó la iniciativa, él me decía que se encontraba bien, e intentó sonreír como si nada pasase, pero no pude responder; yo sabía internamente que era imposible que él se encontrase bien y no lo quería reconocer, cada vez se alejaba más. Tenía el hábito de ponerse la capucha y hacer como si nada hubiera pasado. “¿Realmente no tienes hambre?”, le pregunté, acercándonos al camino que conducía a la casa de Taehyung. Él me sonrió adorablemente y asintió con la cabeza. Él se colocó a mi lado, los dos estábamos solos pero de repente mi teléfono sonó y volví la mirada detrás de mí.


NAMJOON – 22 de mayo, año 22

“Es apenas un año de diferencia. No, nadie diría eso. Soy su hyung, lo sé. Pero nunca será un niño pequeño. Estoy preguntando si sólo es cuestión de tiempo para que lo sepa. Vale. Lo entiendo. No estoy cabreado. Lo siento”.

Colgué el teléfono y miré alrededor. Una brisa marina barrió el bosque de pinos. Mi pecho estaba tan sofocado que parecía a punto de explotar. En el suelo, mitad arena y mitad polvo, algunas hormigas habían formado una línea e iban a cualquier parte. Para alguien mejor que yo, tanto física como simbólicamente, sería obvio que me dirigía a alguna parte, ¿por qué iba y cómo sería capaz de volver?

No se trataba de que no quisiera a mis padres. No era que no me preocupara por mi hermano. Quería volver si hubiese podido, pero desde que no era capaz de ayudarme a mí mismo, obvio que no era capaz de hacerlo. Y en ese caso, ¿cuál era el punto entre la lucha y el enfado, entre la frustración o querer irse?

A lo lejos pude ver la espalda de alguien petrificado tal y como yo lo estaba. Era Jungkook. En algún momento había dicho algo como: “Quiero ser un adulto como hyung”. No se lo podía decir, entonces. Que no era ese gran adulto, no, no era ni siquiera un adulto. Decir algo así me habría parecido demasiado cruel. Para alguien que todavía no había recibido el amor, la confianza y el interés que naturalmente tenía, ¿cómo podría haber dicho que hacerse mayor, crecer y vivir un poco más no hacía a alguien adulto? Esperaba que el futuro de Jungkook fuese un poco mejor que el mío, pero no podía prometerle que le ayudaría en el proceso. Me acerqué a él y puse mi brazo sobre sus hombros. Jungkook movió sus ojos y me miró.


YOONGI – 15 de junio, año 22

No era consciente de nada de lo que había a mi alrededor salvo de la música que sonaba en mi cabeza. No se trataba de todo lo que había bebido, ni siquiera de dónde estaba o qué estaba haciendo. No lo sabía, y no era importante. Cuando salí afuera, tropezando conmigo mismo, ya era de noche. Me balanceaba mientras iba caminando; incluso me chocaba con algunos transeúntes, quioscos, paredes. No me importaba. Sólo quería olvidar todo.

La voz de Jimin seguía sonando en mis oídos. “Hyung, Jungkook…”. Mi siguiente recuerdo era que estaba corriendo como loco por las escaleras del hospital. El hall del mismo era extrañamente largo y oscuro. Pasé a todas las personas que llevaban mascarillas. Mi corazón parecía estar a punto de estallar. Las caras de todo el mundo eran pálidas. No tenían expresión. Todos parecían estar muertos. El sonido de mi respiración era demasiado fuerte en mi propia cabeza.

Tras la puerta a medio abrir de la habitación, Jungkook descansaba. Volví la cabeza sin darme cuenta. No era capaz siquiera de mirarlo. De repente, escuché el sonido de un piano, de las llamas, de un edificio reduciéndose a nada. Me cogí la cabeza y me dejé caer. “Esto es tu culpa. Si no fuera por ti…”, era la voz de mi madre—no, mi voz—no, la voz de alguien. Eran esas las palabras que me atormentaban tantas veces. Quería creer que no había sido así. Pero Jungkook estaba ahí tumbado. Jungkook estaba tumbado en mitad del hall lleno de pacientes que parecían muertos. No era capaz de entrar. No podía comprobarlo por mí mismo. Cuando me levanté, mis piernas temblaban con la amenaza de rendirse. Dejé que cayeran las lágrimas. Era gracioso. Ni siquiera era capaz de recordar la última vez que había llorado.

Corrí a través de la calle, pero alguien me cogió del brazo me sobresalté. ¿Quién era? No, no me importaba. No importaba quién era, era todo lo mismo. Que no se acercara. Vete. Déjame. No quiero hacerte daño a ti también. No quiero resultar herido. Por favor, no te acerques más.


JIMIN – 4 de julio, año 22

Para cuando recuperé mis sentidos, me había lavado el brazo tanto que estaba arrancándome la piel. Mis manos no paraban de temblar y me faltaba el aire. Mis ojos en el espejo estaban rojos. Lo que acababa de pasar me llegaba a la mente en forma de fragmentos.

Por un momento, perdí el control. Estaba bailando con una chica del club de danza, era una coreografía colaborativa, pero había perdido mi ritmo y nos habíamos chocado. Caí al suelo y mi brazo empezó a sangrar. En ese momento me acordé de lo que pasó en el Jardín Botánico de flores. Pensaba que lo había superado; pero no era el caso. Tuve que salir corriendo. Tenía que lavarme rápido. Tenía que mirar a otro lado. El yo que había en el espejo era exactamente el chico de ocho años que había huido de la lluvia. Entonces encontré el sentido a todo. La chica también se había caído.

No había nadie en la sala de prácticas. A través de la puerta abierta solo podía ver que la lluvia caía con fuerza. En la distancia vi a Hoseok hyung corriendo. Estaba empapado. Cogí una sombrilla y corrí también. Corrí y entonces paré.

No había nada que pudiera hacer. Todo lo que hacía era caerme y hacer daño a los demás, dejarlos atrás y temblar con mi propio dolor, después correr con una sombrilla hacia ellos demasiado tarde. Cada vez que daba un paso, la lluvia calaba mis zapatillas. Los coches pasaban corriendo a mi lado. No estaba bien. No, estaba bien. No dolía. No era tan serio. De verdad que estaba bien.


HOSEOK – 4 Julio, año 22

Me quedé en el pasillo todo el tiempo que ella estaba recibiendo primeros auxilios. A pesar de que era de noche, el pasillo del hospital estaba lleno de gente. El agua goteaba de mi pelo, mojado por el sudor y la lluvia. Dejé caer la mochila que le había quitado y de ella salieron  muchos objetos. Algunas monedas robadas, un bolígrafo y una toalla, pero entre todo ello había un billete de avión, lo cogí y lo escaneé.

En ese instante el médico me llamó. Me dijo que había sufrido una conmoción cerebral leve y que no me tenía que preocupar, al rato ella salió. “¿Te encuentras bien?” Ella me contestó que solamente le dolía la cabeza y cogió su mochila. Ella se dio cuenta de que el billete de avión asomaba y me miró. Únicamente pude cambiarme la mochila de hombro e hice como si nada sucediese. Estaba lloviendo cuando dejamos el hospital, por lo que nos tuvimos que quedar fuera uno al lado del otro.

“Hoseok-ah”, dijo ella. Parecía que tenía algo que contarme. “Espera un minuto” le dijo, iré por  un paraguas. “Corrí sin pensar que estaba lloviendo”. A lo lejos había una tienda. Sabía que ella había hecho, hace tiempo, una prueba para un estudio de baile en el extranjero. El billete de avión significaba que ella lo había logrado, pero internamente no quería escuchar lo que ella iba a decirme, no tenía los suficientes ánimos como para felicitarla.


NAMJOON – 13 de julio, año 22

Apoyé la cabeza en la ventana del autobús. Desde la biblioteca hasta la gasolinera. La vista a través de la ventana me era terriblemente familiar desde que cogía este autobús cada día. ¿Llegará el día en que pueda dejar este lugar atrás? Sentía que era imposible predecir qué sería lo que el futuro me iba a traer, esperanza o cualquier otra cosa.

Podría ver a una mujer sentada delante de mí, su pelo recogido con una goma amarilla. Sus hombros se levantaron para volver a caer, como si estuviera suspirando. Entonces apoyó la cabeza en la ventana. Desde hacía ya un mes, habíamos estudiado en la misma biblioteca y cogido el mismo autobús en la misma parada. No habíamos hablado aún, pero ambos mirábamos el mismo paisaje y vivíamos al mismo tiempo, incluso suspirábamos a la vez. El coletero seguía en el bolsillo de mis pantalones.

La mujer siempre se bajaba del autobús tres paradas antes que la mía. Cada día la veía bajarse, preguntándome si se dedicaba a repartir flyers. ¿Qué momento de su vida estaba viviendo, qué era a lo que hacía frente? ¿Cómo de fuerte se sentía ante el pensamiento de que podría no llegar el mañana, o que desde el principio no habría nada tal como “el mañana”? Pensaba cosas como esa.

La parada de la mujer se acercaba. Alguien presionó el botón de parada y otros pasajeros se levantaron de sus asientos. Pero en medio de todo eso, la mujer ni siquiera se inmutó. Se quedó en su asiento, con la cabeza apoyada en el cristal. Parecía que se estaba quedando dormía. ¿Debía de levantarme para despertarla? Luché conmigo mismo durante un momento. El bus llegó a la parada. La mujer no se movía. La gente se bajó. La puerta se cerró y el bus siguió su camino.

La mujer no se levantó, incluso después de haber pasado las tres paradas siguientes. Conforme me acerqué a la puerta, volví a luchar conmigo mismo. Estaba claro que una vez me bajase del autobús, nadie más se fijaría en ella. Acabaría despertándose en cualquier lugar alejado de su parada, y era imposible de saber cuán cansada podía estar hoy.

Dejé el autobús y comencé a caminar hacia la gasolinera. El autobús salió y no miré atrás. Había dejado el coletero encima de su mochila, pero eso fue todo. Ni siquiera se trataba de un comienzo, o algo parecido a un final. No era nada con lo que empezar y no había ninguna razón para que fuese algo. Así que pensé que realmente no importaba.


TAEHYUNG – 17 de julio, año 22

Me dolía el costado tanto que parecía que estaba agonizando. Incluso podía notar las gotas de sudor cayendo. En los rincones y las grietas de la carretera, en un lugar vacío de la tienda, debajo de un paso de vehículos—la chica no tenía lugar donde poder encontrarla. Incluso había corrido hasta la parada del autobús, pero como ya esperaba, no la vi. La gente que estaba esperando a sus autobuses me miraron con rareza en sus ojos. ¿Qué había pasado? No nos habíamos prometido encontrarnos, pero incluso así era extraño. LA chica siempre había aparecido de la nada y me había seguido. Incluso si le decía que era extraño, no tenía ningún sentido decírselo. Pero ahora no era capaz de encontrarla, ni siquiera en los lugares a los que habíamos ido juntos.

Vine a un lugar familiar y ralenticé mis pasos. Había un grafiti allí donde habíamos dibujado juntos. Había sido la primera vez que ella había dibujado. Encima de él había una gran X pintada. Era suya. No la había visto hacerlo, pero lo sabía. ¿Por qué? No tenía respuesta. Sobre ella, había muchas imágenes en la pared.

Su risa detrás de mi me había perseguido a lo largo de la carretera y no dejaba de sonar en mi cabeza. La ayuda que recibí por su parte cuando me caí intentando ayudarla a correr, y la cara de enfado que puso después de que le robara y me comiese su pan. La expresión taciturna que había puesto cuando pasamos por delante de una foto familiar en un escaparate. Su mirada siguiendo a los estudiantes que pasábamos, desconocidos incluso para ella. Cuando habíamos pintado esta pared juntos, le dije “Si tienes un problema, cuéntamelo, no te lo guardes para ti”. La X ahora estaba dibujada encima de todos esos recuerdos. Parecía que me quería decir que todo era mentira. Parecía que todo lo que habíamos dicho era mentira. Sin darme cuenta, había cerrado los puños. ¿Por qué? Por supuesto, tampoco tenía una respuesta. Seguí andando. Estábamos solos otra vez. Yo, y ella.


JUNGKOOK – 26 de julio, año 22

A escondidas, corto una flor del jardín del hospital. Me río mientras inclino mi cabeza para esconder mi risa. El sol de mediados de brilla de forma cegadora. Llamo a la puerta de la habitación de hospital, pero nadie me responde. Llamo otra vez y la abro, una rendija. Extrañamente, hace frío dentro de la habitación… y no hay nadie. Solo está llena de una oscuridad silenciosa.

Salgo de la habitación. Ahí fue donde la conocí. Estaba aburrido y empujaba mi silla de ruedas como un loco por el pasillo. Apareció de repente y por poco no pude parar. Y ahí estaba, una chica con el pelo recogido en una colega. Cuando dejo el hospital, veo un banco. Recuerdo aquella vez que escuchamos música juntos mientras dibujaba, a su lado. En el tejado compartimos leche de fresa… sigo con la flor en la mano, pero ahora no tengo a quién dársela.


SEOKJIN – 30 de agosto, año 22

¿Puede alguien recordar el momento en que se enamoró? ¿Puede alguien predecir cuándo terminará ese amor? ¿Por qué los humanos no podemos reconocer esos momentos? ¿Por qué tengo yo el poder de restaurar todo eso?

El coche se detiene de repente, las luces parpadean, se apagan. Solo podía quedarme quieto, indefenso, enfrentándome a ese momento. No escuché ningún sonido, no sentí nada. Era verano, pero el aire era frío. Escuché algo caía en la calle y, entonces, olí el aroma de las flores. Solo entonces volví a la realidad. El ramo de Smeraldo se cayó de mi mano. Estaba ahí, yacía en medio de la calle. Había sangre fluyendo a través de su pelo. El rojo oscuro fluía por la calle. Pensé: si pudiera volver el tiempo atrás…


 

 

Source: papercrowns

Trad. Esp: BTS Spain

**Si tomas la traducción, por favor, respeta TODOS los créditos**

 

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RM

Doy mi amor y las gracias a mis padres, hermana, abuela y a mi familia, que siempre me ha querido y creído en mí.

A la gente que no se ve pero que siempre está trabajando con nosotros y caminando junto a nosotros, Bang PD, los ejecutivos de BigHit, el equipo de producción, el management, el equipo de VC, y a la sede de negocios, estoy profundamente agradecido. Continue reading >